15 de octubre de 2026
Tengo en las manos una guía de Molfetta que maqueté yo: reconozco las fotos, los diez itinerarios y, en las últimas páginas, los nombres. Hoteles, restaurantes, guías turísticos de mi ciudad, gente a la que conozco por su nombre y de la que sé incluso dónde se toma el café. Es VisitMolfetta, el proyecto de promoción turística que construí para Molfetta junto a ellos.
Del «aquí no hay nada» a diez itinerarios
Todo había empezado con una frase que oía en cada reunión con el sector turístico: «¿Por qué iba a pararse aquí un turista? Aquí no hay nada». Y lo decían precisamente quienes vivían del turismo.
Yo pensaba lo contrario. Cada ciudad tiene su genius loci, solo que quien vive en ella pasa a su lado cada mañana y ya no lo ve. Así que miré Molfetta como si no hubiera nacido allí: el puerto, la catedral sobre el mar, las procesiones de Semana Santa, la fiesta de septiembre, los astilleros, las noches de verano.
De esa supuesta nada salieron diez itinerarios, cada uno con su nombre y su alma. Los convertí en tres herramientas: una guía de bolsillo en italiano, inglés y alemán, un portal web multilingüe, www.visitmolfetta.it, y un relato diario en las redes sociales.
Una guía que nadie podía pagar solo
Mi trabajo, que otros llaman marketing turístico y cultural, fue sentar a esos dos mundos a la misma mesa. El Ayuntamiento aportaba una parte mínima de la financiación (sin comentarios) y el acceso a las ferias dentro del estand de la Región de Apulia. Los privados ponían el grueso del presupuesto y, sobre todo, la cara: si un turista llegaba a Molfetta, la partida se jugaba en sus habitaciones y en sus mesas.
Convencerlos de uno en uno
No hubo una reunión decisiva. Los escépticos no eran uno o dos: eran todos. Los fui convenciendo uno a uno, siempre con la misma objeción delante.
Confieso una cosa. Más difícil que el diseño, los textos y las traducciones fue mantener unidas a personas que el día anterior se hacían la competencia en la misma calle. Una red entre lo público y lo privado no se firma. Se construye llamada a llamada, y en cada llamada corres el riesgo de perderla.
El turista compra una ciudad, no un hotel
En una feria como la de Berlín nadie se para por un solo restaurante de una ciudad de la que nunca ha oído hablar. Se para por un destino. Un operador solo no puede ofrecerlo. Un sector turístico que se presenta unido, sí.
Ese año, el proyecto de promoción turística y cultural VisitMolfetta recorrió las ferias de turismo nacionales e internacionales más importantes: de la BIT de Milán a la ITB de Berlín y a la TTG de Rímini.

